Blanca Nieves

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Había una vez, en un reino lejano, una princesa llamada Blanca Nieves, que era tan dulce y amable que todos la querían. Un día, mientras jugaba en el jardín, encontró una manzana roja como el sol. “¡Qué deliciosa debe ser!” pensó, y con una sonrisa le dio un mordisco. Pero, ¡oh no! La manzana estaba encantada y Blanca Nieves cayó en un profundo sueño. ¿Qué harían sus amigos para despertarla?

Los siete enanitos, que vivían en una casita en el bosque, se enteraron del hechizo y corrieron a ayudar. “¡Tenemos que encontrar una solución!” dijo el enanito más sabio. “¿Y si le damos un poco de chocolate?” sugirió el enanito más travieso. “¡No, eso no funcionará!” respondió el enanito serio. Así que, entre risas y pequeñas travesuras, decidieron que lo mejor sería buscar un beso de amor verdadero. “¡Es nuestra única esperanza!” gritó el enanito más pequeño, que siempre tenía una idea brillante.

Mientras tanto, el príncipe, que había escuchado sobre el sueño de Blanca Nieves, decidió ir a buscarla. “Voy a salvar a la princesa con mi beso de amor verdadero”, pensó. Pero cuando llegó al castillo, se dio cuenta de que los enanitos estaban haciendo una fiesta y no le dejaron entrar. “¡Espérate! ¡Un momento!” dijo el príncipe, con una risa nerviosa, mientras los enanitos bailaban y cantaban alrededor de la cama de Blanca Nieves. ¡Estaba claro que no sabían nada de besos reales!

Finalmente, después de un buen rato de juegos y canciones, el príncipe consiguió un lugar junto a la cama de Blanca Nieves. Cerró los ojos, dio un pequeño beso en la mejilla de la princesa y… ¡Puff! Blanca Nieves despertó, mirando al príncipe con una gran sonrisa. “¡Gracias por el beso, pero yo preferiría que me despertaras con un buen desayuno!” dijo ella, mientras todos reían a carcajadas.

Y así, Blanca Nieves, el príncipe y los siete enanitos se sentaron juntos a disfrutar de una fiesta de frutas, pasteles y mucha diversión. Desde ese día, todos se convirtieron en grandes amigos, y vivieron felices, siempre recordando que, a veces, la magia está en la risa y en los pequeños momentos de alegría. ¡Y colorín colorado, este cuento ha terminado!

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