El Gato con Botas

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Había una vez un gato muy astuto y elegante que vivía con un molesto molinero. El molinero, al morir, dejó como herencia a su hijo el único bien que tenía: ¡el gato con botas! Pero, lejos de estar triste, el hijo del molinero miró al gato y dijo: “¡Qué suerte tengo! Un gato con botas es justo lo que necesito.” El gato, sin perder un segundo, le lanzó una mirada confiada y dijo: “No te preocupes, mi amigo, ¡te voy a convertir en rico!” Y comenzó su plan.

El primer paso fue muy simple: el gato fue a la tienda y compró un par de botas muy brillantes y una capa. “Con estas botas, nadie podrá resistirse a mi estilo”, pensó el gato, mientras saltaba por las calles como si fuera una estrella de cine. Al día siguiente, el gato se presentó en el palacio del rey, llevando una enorme bolsa llena de cosas que había “cazado” (aunque en realidad eran un montón de zanahorias y frutas). “¡Estos son los regalos del Marqués de Carabás!” exclamó el gato, haciendo una reverencia tan profunda que casi se cae.

El rey, muy impresionado con el gato, invitó al Marqués de Carabás (aunque no sabía quién era en realidad) a un gran banquete. Mientras tanto, el astuto gato se encargó de que su “dueño” fuera al río y se bañara en el agua, para que, cuando llegara al castillo, todos pensaran que era un gran noble. “¡El Marqués de Carabás ha llegado!” gritó el gato, mientras corría a toda velocidad, guiando a su “dueño” hacia el palacio. Todos los sirvientes se sorprendieron al ver al joven tan elegante y bien vestido.

El gato, sin perder tiempo, ideó otro plan brillante: se acercó a un gran campo de trigo y, con mucha destreza, hizo que los campesinos dijeran que era suyo. “¡Este terreno es parte de mis dominios!”, les dijo el gato, señalando con orgullo. El rey, al ver el campo de trigo tan hermoso, pensó que el Marqués de Carabás debía ser muy rico y poderoso. “¡Debo darle todo lo que quiera!” dijo el rey.

Finalmente, el gato con botas llevó a su “dueño” al castillo de un ogro que vivía cerca. El ogro era famoso por su enorme riqueza y poder, pero también por ser un poco tonto. El gato, con su gran astucia, convenció al ogro de que podía transformarse en un ratón. “¡Impresionante truco de magia!” dijo el ogro, mientras se transformaba en un ratón diminuto. En un parpadeo, el gato lo atrapó y, con un rugido de victoria, llevó al ogro fuera del castillo. Al final, el gato con botas se convirtió en un héroe, su dueño fue rico y feliz, y todos vivieron muchas aventuras, ¡siempre agradecidos por el increíble gato con botas!

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