Había una vez, en un lugar lejano, una niña llamada Dorothy que vivía en una pequeña casa en Kansas. Un día, un gran tornado levantó su casa y la llevó volando hasta un mundo mágico lleno de criaturas sorprendentes. Cuando la casa finalmente aterrizó, Dorothy salió y se encontró con un paisaje de colores brillantes, flores cantoras y árboles que sonreían. Estaba tan sorprendida que casi olvidó el motivo de su llegada: ¡tenía que regresar a casa!
En su camino, Dorothy encontró a un espantapájaros que, aunque tenía una gran sonrisa, no tenía cerebro. Estaba triste porque no podía pensar en cosas importantes, como cómo bailar o contar chistes. Dorothy le dijo: “¡Vamos a ver al Mago de Oz! Él te puede dar un cerebro, seguro que te ayudará.” El espantapájaros, muy emocionado, decidió acompañarla, ¡y juntos comenzaron la aventura!
Poco después, se encontraron con un hombre de hojalata que estaba muy triste porque no podía mover sus brazos ni piernas, ya que se había oxidado. “¡Ayúdanos a encontrar al Mago de Oz!” le pidió Dorothy. “¡Quizá él pueda darte un corazón!” El hombre de hojalata, con una gran sonrisa de esperanza, se unió al grupo, y ahora Dorothy, el espantapájaros y el hombre de hojalata caminaban juntos por el sendero amarillo que los llevaría a la Ciudad Esmeralda.
En el camino, apareció un león que, aunque muy grande y fuerte, tenía mucho miedo de todo. “¡Ay! ¡Tengo miedo hasta de mi sombra!” dijo el león. Dorothy, que era muy valiente, le ofreció unirse a su grupo. “No te preocupes, te llevaremos al Mago, y seguro que te dará el valor que necesitas.” El león, decidido a ser valiente, aceptó y se unió a la pandilla de amigos.
Finalmente, llegaron a la Ciudad Esmeralda, donde conocieron al Mago de Oz. El mago resultó ser un hombre muy simpático que, después de escuchar sus historias, les dijo que todos ya tenían lo que necesitaban dentro de ellos. El espantapájaros ya pensaba de manera brillante, el hombre de hojalata ya era muy cariñoso, el león ya era valiente, ¡y Dorothy sólo necesitaba creer en su propia magia para regresar a casa! Así, con una gran sonrisa, Dorothy se despidió de sus nuevos amigos y regresó a Kansas, donde vivió feliz para siempre, recordando su increíble aventura.