Había una vez un pequeño soldadito de plomo que, aunque no tenía más que una pierna, era muy valiente y decidido. Un día, en una tienda de juguetes, un niño lo compró y lo puso en una vitrina junto a muchos otros juguetes. “¡Soy el soldado más valiente del mundo!” pensaba el soldadito de plomo, mientras miraba a su alrededor. Pero, justo en ese momento, el soldadito de plomo vio a una preciosa bailarina de porcelana, y ¡se enamoró a primera vista! “¡Qué hermosa es!”, pensó, mientras se quedaba mirando con los ojos bien abiertos.
Esa misma noche, mientras todos dormían, el soldadito de plomo decidió hacer una gran demostración de valentía. “¡Voy a acercarme a la bailarina y contarle lo valiente que soy!” pensó. Pero, en el camino, algo muy extraño ocurrió: un malvado ratón apareció y comenzó a hacer ruidos extraños. “¡Tienes que tener cuidado, ratón!”, pensó el soldadito, pero su pierna de plomo no le permitía moverse tan rápido. “¡Soy un soldado valiente, no voy a dejar que me asustes!”, se dijo, mirando fijamente al ratón con cara de determinación.
Al día siguiente, el niño se olvidó de poner al soldadito en su lugar y lo dejó fuera de la vitrina. ¡Qué desastre! El soldadito de plomo cayó al suelo y, aunque estaba un poco triste, se levantó rápidamente. “¡Nada me detendrá en mi misión de conocer a la bailarina!”, dijo, decidido. Pero, justo en ese momento, un viento fuerte lo empujó hacia una ventana abierta, ¡y salió volando por los aires!
El soldadito de plomo terminó en una alcantarilla, pero ni eso lo desanimó. “¡Voy a encontrar una forma de regresar a la tienda!” pensó. Y así, con su pierna de plomo y su gran valentía, el soldadito nadó entre el agua y los charcos hasta que, por fin, encontró un camino que lo llevó de regreso a la vitrina. Cuando el niño lo vio, se sorprendió mucho, y el soldadito de plomo pudo volver a ver a su amada bailarina.
Finalmente, el soldadito de plomo y la bailarina de porcelana se miraron y sonrieron, sabiendo que, a pesar de todos los problemas, lo más importante era nunca rendirse. ¡Y vivieron muchas aventuras juntos en la vitrina, siendo los más valientes de todos los juguetes! Y aunque el soldadito de plomo tenía solo una pierna, su corazón era más grande que el de cualquier otro juguete. ¡Colorín colorado, este cuento ha terminado!